No todos los caminos son iguales. Hay rutas diseñadas para el turismo y rutas que existían mucho antes de que el turismo fuera un concepto. El Camino Primitivo pertenece a la segunda categoría. Es el más antiguo, el más exigente y, para muchos de quienes lo han recorrido, el más honesto. Y empieza en Asturias.

 

El origen de todos los caminos

 

Hay algo que no todo el mundo sabe: el primer peregrino documentado que hizo el Camino de Santiago fue un rey asturiano. Alfonso II el Casto, en el siglo IX, partió desde Oviedo para venerar los restos del apóstol. Lo que hoy se conoce como Camino Primitivo es, en esencia, esa misma ruta. La original. La que existía antes de que existieran las demás.

 

Ese peso histórico no es un dato turístico menor. Es lo que diferencia esta ruta de cualquier otra. Quien la recorre no está siguiendo un itinerario diseñado para el turismo moderno; está pisando un trazado con más de doce siglos de historia.

Una ruta que exige y recompensa a partes iguales

 

El Primitivo no es el camino más sencillo. Discurre durante aproximadamente 320 kilómetros entre Oviedo y Santiago de Compostela, atravesando la cordillera Cantábrica y la montaña gallega. Los desniveles son reales, el terreno es exigente y el clima asturiano hace lo suyo.

 

Pero precisamente por eso sus peregrinos son distintos. Menos masificación, más silencio, más conversación en los albergues y una sensación de logro que las rutas más transitadas no ofrecen de la misma manera. Quienes lo han hecho una vez rara vez lo describen como un simple viaje.

Asturias, protagonista durante los primeros días

 

 

La salida desde Oviedo ya justifica el viaje. La Catedral, la Cámara Santa, el casco histórico. Desde ahí, la ruta interna asturiana atraviesa concejos como Grado, Salas, Tineo y Pola de Allande antes de cruzar hacia Galicia por O Cádavo.

 

Esos primeros días en territorio asturiano son los más duros en términos de desnivel, pero también los más espectaculares. Bosques de robles y castaños, aldeas que parecen detenidas en el tiempo, vistas sobre valles que no aparecen en ninguna guía de turismo convencional.

 

Cuándo ir y cómo prepararlo

 

 

La primavera y el verano son las épocas más recomendables. Mayo y junio especialmente: los días son largos, la vegetación está en su mejor momento y las lluvias, aunque presentes, son más manejables que en otoño o invierno.

 

La preparación física importa. No es una ruta para improvisar. Calzado técnico, mochila ligera y un entrenamiento previo de varias semanas marcan la diferencia entre disfrutarlo y sufrirlo. Los albergues en el tramo asturiano son escasos en algunos tramos, por lo que conviene planificar las etapas con antelación.

 

El coste total de la ruta completa es contenido si se opta por albergues públicos y menús de peregrino. Para quienes quieren combinar etapas con alojamiento de más calidad, el presupuesto sube, pero sigue siendo una experiencia accesible. En Rial entendemos que este tipo de viajes también forma parte de una planificación financiera personal consciente.

 

Preguntas frecuentes

 

 

¿Cuántos días se necesitan para completar el Camino Primitivo?

Entre doce y dieciséis días en condiciones normales, dependiendo del ritmo y las etapas elegidas.

 

 

¿Es necesaria una preparación física específica?

Sí. Los desniveles acumulados son considerables. Se recomienda entrenar caminatas con carga durante al menos un mes antes de la salida.

 

 

¿Dónde empieza oficialmente el Camino Primitivo?

En la Catedral de Oviedo, aunque algunos peregrinos lo inician desde otras ciudades asturianas conectando por variantes locales.

 

 

¿Se puede hacer por etapas en distintos años?

Sí. Muchos peregrinos completan la ruta en varias temporadas, guardando el registro en la credencial del peregrino.

 

 

¿Qué documentación necesito para hacer el camino?

La credencial del peregrino, que se obtiene en la Catedral de Oviedo o en asociaciones jacobeas. Es gratuita y se sella en cada etapa.

 

 

¿El tramo asturiano es el más difícil?

Es el más exigente en desnivel. Una vez cruzada la frontera con Galicia, el terreno se suaviza progresivamente.